Denise Dresser, sus placeres y lujos

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Denise Dresser es académica, polítóloga, periodista y escritora, sus textos son leídos en México, Estados Unidos y Europa. NEWSMALL.MX platica con ella sobre sus otros placeres; dejamos de lado su pasión por el análisis político y hablamos de sus mejores viajes por el mundo y hasta de las marcas que la cautivan.

Doctora, usted es una persona que ha viajado y que ha vivido en el extranjero ¿qué significado le da al verbo “viajar”? ¿Cómo desglosar la frase “los viajes ilustran”?

Soy una viajera incansable, desde que era niña, aunque no llevaba a cabo viajes físicos, los hacía a través de la imaginación. Mi padre era muy sofisticado, muy cosmopolita, hablaba cinco idiomas, había vivido en muchos países, todos los domingos ponía un globo terráqueo sobre la cama y me pedía que lo girara y que con la punta del dedo eligiera un país y me contaba alguna historia de ese lugar, una historia que siempre involucraba a la princesa Denise, que era una gran exploradora, una cazadora de dragones y minotauros. Entonces, creo que desde aquel momento me nació el ímpetu de viajar. A mí el dinero me interesa poco, me importa esencialmente para darle la mejor educación que pueda a mis hijos, comprar libros, arte y viajar. Cada año intento viajar ya sea a Europa, América Latina, Estados Unidos, Canadá, con la mayor frecuencia que puedo.

¿Con qué continente se queda?

Soy apasionada de mi país, por cuestiones de trabajo creo que he recorrido todos los estados de la República y siento que me falta aún sitios inexplorados. No he ido nunca al Cañón del Sumidero, hay partes de Tabasco, Oaxaca y Guerrero que me faltan recorrer. Quisiera pasar más tiempo en San Luis Potosí. Siento que la República todavía para mi es una gran incógnita y quiero pasar el resto de mi vida descubriendo México. También quiero ir en el tren al Cañón del Cobre, todo eso lo tengo planeado en algún momento. Cuando vivían aquí mis hijos, ahora están en el extranjero, cada vacación era básicamente ir a recorrer México, aunque este último verano hicimos un viaje extraordinario a París e Italia, pasamos una semana en Europa. Trato de que los viajes sean una combinación de gastronomía, porque me gusta comer bien, que tengan una parte cultural importante; de recorrido de museos y galerías, que tengan una parte lúdica; de diversión, andar en góndola, en bicicletas, nadar. Tengo gemelos de 15 años, entonces para ellos hacer un viaje meramente de galerías sería insuficiente. Trato siempre de que los viajes tengan diversos componentes.

¿Algún viaje que haya quedado en su memoria?

Este verano fui a la costa Amalfitana, en Italia, me quedé en un hotel que posiblemente es el lugar más bonito en el que me he quedado, porque tiene una vista espectacular del Mediterráneo. Lo bajaban a uno en un camioncito para el club de playa. Recuerdo muy vívidamente el sol, la luz, ese hotel que estaba adornado con un gusto exquisito, con mucho arte contemporáneo. Una suite maravillosa. Además, el pueblo de Ravello es muy bonito, es un pueblo pequeño, lleno de restaurantes lindos que llevan familias que han vivido ahí durante años y hacen pasta fresca. Hay una plaza central maravillosa donde tocan música en las noches y uno camina por las callecitas empedradas. Creo que esa fue mi parte favorita del viaje.

¿Y de comida, qué platillos prefiere?

Ahora que estuve en Europa, le pedía a mis amigos que pasan tiempo allá, que me hicieran una lista de sus restaurantes favoritos, entonces, cada noche llevaba a mis hijos a un restaurante de souffles, otro que era solo de ostiones. Fuimos  a un lugar en Venecia que se llama Harry’s Bar, el cual es muy famoso por ahí. Por cierto, es carísimo, cada plato de pasta cuesta 50 euros, pero valió la pena la experiencia. A mis hijos les he enseñado a comer de todo, caracoles, ostiones, esquites, escamoles, todo, no son quisquillosos. A mí me encanta probar la gastronomía de los lugares en los que estoy. Y en México, adoro la cochinita pibil, el mole, las enchiladas verdes, los nopalitos, los tamales me encantan, los churros, el chocolate caliente con un poco de chile, el mole en tamarindo, todos tipos de moles, el pozole, soy asidua del pozole del mercado de Coyoacán, ahí venden el mejor pozole de la ciudad. Y para algo más sofisticado mi restaurante es Dulce Patria, donde Martha Ortíz Chapa (chef), es que mi mejor amiga, creo que ha logrado una combinación de la recuperación de lo autóctono con la sofisticación al presentar los platillos de manera bella. Comer ahí es una experiencia gastronómica y estética.

¿Alguna cadena de hoteles que sea de su agrado?

Reconozco que tengo una predilección por los Four Seasons. A parte prefiero los hoteles pequeños, como hoteles boutique, en Venecia me quedé en uno que se llama Metropole, que solo tiene como 30 recámaras, está justo enfrente de gran canal. En Florencia me quedé en el Savoy, que es un hotel muy lindo, no es grande, prefiero las cosas originales y distintivas.

Four Season

¿Qué otros lujos se ha dado, Dra. Dresser?

Creo que este último viaje a Italia con mis hijos. Tengo poco tiempo, no me podía a poner a organizar todo, entonces contacté a un agente de viajes VIP, le dije: usted se encarga de todo, estos son los lugares a donde quiero ir, este es el tiempo, me hace todo el itinerario, quiero guías, carros que nos recojan y hoteles lindos. Al final me entregó un presupuesto y simplemente lo pagué y fue un gran lujo. Mis hijos tristemente no viven conmigo, están con su padre en Toronto y sentía que este era uno de los últimos viajes que íbamos a hacer todos juntos y el primero que ellos iban a hacer a Europa. Quería que tuvieran una impresión indeleble de ir por primera vez a París, a Venecia, Florencia, Pompeya, Ravello, Roma… Además contraté guías particulares para nosotros, solo para la familia, guías maravillosos que nos daban su visión de la ciudad y nos llevaban a lugares recónditos a los cuales nunca hubiéramos ido. Es un viaje que probablemente solo voy a hacer una vez en la vida. No soy una mujer rica, trabajo muchísimo y ahorré todo el año para poder tener este viaje.

¿Aprecia la arquitectura de los lugares que visita?

Me apasiona la arquitectura, de hecho tengo una casa de Manuel Parra, quien fue uno de los grandes arquitectos mexicanos. Cada ciudad a la que voy siempre compro un libro de arquitectura de esa ciudad y me pongo a ver edificios y llevo a mis hijos a ver edificios, porque me parece que la arquitectura es otra expresión artística. Me entusiasman mucho los museos que son originales, por ejemplo, el Museo del Louvre, el Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou de París, precisamente por la arquitectura tan original que tienen. Me encanta la Galería Nacional de Arte en Washington, porque la hizo leoh Ming Pei. Hong Kong me impresiona por algunos edificios que se han hecho, al igual que Beijing, que Shanghai, porque empujan los límites de lo posible. Me encanta llegar al aeropuerto de Madrid, es una gran obra arquitectónica. Fui muy amiga de Ricardo Legorreta, cuya arquitectura también me gusta por la recuperación del color y la textura. Siempre le decía a Ricardo que si no hubiera comprado la casa de Manuel Parra, que le hubiera pedido que me hiciera mi casa. Me gusta mucho la arquitectura de Luis Barragán, muchas veces camino por el Centro viendo edificios y señalándole a mis hijos cuándo se construyeron, qué representan y demás. Tengo muchísimos libros de arquitectura, no estudié arquitectura, pero me apasiona.

¿Qué latitudes recuerda por su historia?

Para mí fue muy impresionante ir a Hong Kong y a China.  Caminar por esas calles de Hong Kong, callecitas con un olor a mercado, pescado, comida, ver la coexistencia de una ciudad tan moderna con los resabios de una cultura antigua. Sucede lo mismo en Beijing, donde hay una tienda de Chanel a lado de un lugar donde hacen dumplings, entonces ese contraste me impresionó mucho. También otro viaje que hice que guardo en la memoria, y no para bien, fue el que hice a Cuba hace unos años y me provocó una tristeza tan profunda porque es un país muy bello y doloroso. Es el único país en el que he estado y donde no pude comprar un periódico, porque solo existe el Granma. Se me olvidó el cepillo del cabello y no pude conseguir jamás uno. Fui en una situación privilegiada porque me quedé en casa del embajador de Canadá en La Habana y celebraban en la embajada cuando se conseguía un huevo ante la ausencia de comida. Sentí que había mucho resentimiento en contra de los turistas, maltrato hacia ellos, porque hay una actitud de: “por qué les tenemos que estar sirviendo”. Y presenciar el dolor de ver a alguien con un doctorado en antropología, enseñado con una lucecita los detalles de la maqueta de La Habana, en un desperdicio absoluto de la educación que había recibido. Entonces me pareció bello pero inmensamente triste.

¿Le gusta algún deporte?

Mi lema en la vida, durante muchos años, siempre fue: “Mientras menos esfuerzo físico, mejor”. Pero empecé a padecer de un problema en la espalda hace unos tres años, y ahora nado mucho, me gusta. También hago ejercicio con pesas en la alberca para mantenerme en buena forma y me encanta andar en bicicleta. Soy de las que va los domingos al Paseo de la Reforma a andar en bicicleta. Recorro el Centro Histórico y ya tengo mi rutina, de pararme en Bellas Artes, encadenar la bicicleta y subir a ver qué hay en Bellas Artes, y después regresar y tomar un café en el Starbucks que está en avenida Juárez, y quizá ir al museo de Memoria y Tolerancia y después hacer todo el recorrido de regreso. Eso me hace muy feliz, disfruto mucho la ciudad los domingos, me encanta ver el Paseo de la Reforma lleno de mujeres corriendo o haciendo aerobics, jóvenes con sus perros, gente patinando. Se vuelve un lugar muy vital, diverso, divertido y cálido.

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¿Cómo definiría usted a una persona con clase? ¿Qué es una persona con clase?

Creo que se nace con ella. Para tener buen gusto no hace falta tener dinero, hay mucha gente que piensa que yo soy una mujer acaudalada por la forma en la que me visto y no es así. Espero que mis padres me hayan enseñado a tener buen gusto y esto nace de leer, de ver arte desde una edad muy temprana, nace de elegir la belleza, nace de no conformarse con la mediocridad, de no conformarse con lo que es más barato, porque tiene mala calidad. Un pequeño esfuerzo lo lleva a uno a elegir algo que va a durar. Creo que la clase además no tiene edad, no tiene fecha de caducidad; la clase no significa estar a la moda o emular a otros; nace de la apreciación de lo fino, de lo bien hecho, de lo ha sido hecho con cuidado, de lo que refleja ya sea el talento artesanal o el talento de diseño. Prefiero muchas veces ahorrar para comprarme un par de zapatos que me va a durar 15 años, a estar a la moda. Sé que hay gente que me reconoce por mi pelo, he tenido el mismo corte desde hace 20 años y quizá no sea el último grito de la moda, pero siento que denota un cierto estilo que se asocia conmigo y ojala sea un estilo que la gente piense que tiene clase.

¿Lo hace con el afán de crearse una personalidad bien definida?

Creo que tengo una muy buena idea de quién soy y de lo que me gusta. Siempre pienso en Audrey Hepburn o en Coco Chanel, que nunca se cambiaron el peinado y siempre se vistieron de la misma manera. Pensara la gente lo que pensara y con ello crearon una huella muy distintiva y una marca. Quizá yo tengo una marca que significan ciertas cosas para ciertas personas y ojalá no sea una marca definida exclusivamente por mi presencia física, sino que sea una marca que significa: transparencia, compromiso con la verdad, pelear por las mejores causas, no conformarme con poco, aspirar a un mejor país, esa es la que me gustaría que fuera mi marca.

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Hablando de marcas ¿qué marcas, qué productos prefiere, Doctora?

Confieso que soy una fiel consumidora de todos los productos Kiehl’s. Me encanta la ropa de Max Mara. Cada cuatro o cinco años, cuando me alcanza el dinero, me compro una bolsa Chanel y ninguna otra. Desde hace más de 25 años uso el mismo perfume que es Fendi. Confieso que no me interesan ni las pieles, ni las alhajas. Me gustan mucho los aretes largos, que sean originales, distintivos, hechos a mano; que sean especiales. Tengo una gran colección de aretes, que no tienen un valor monetario grande, pero valen mucho para mí, porque cada vez que viajo a cualquier país me compro aretes para recordar que estuve ahí. También confieso que antes de casarme, todo el dinero extra que tenía (que era poco), lo usaba para comprar arte e iba pagándole a los artistas a plazos y así me hice de una linda, no extensiva, pero si de una buena colección de arte mexicano contemporáneo. Ahora, cuando de pronto me llega un bono o me pagan algo extra de una conferencia o recibo honorarios de mis libros, trato de comprar algo de arte. Soy una voraz consumidora, compradora de libros. Siento esa necesidad imperiosa de poseer libros.      Todos los derechos reservados. NEWSMALLMX

Fotos cortesía: Blanca Charolet / Hotel Four Seasons Ciudad de México / www.visitmexico.com

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